En una misma operación, el equipo puede incorporar fertilizantes líquidos o sólidos en profundidad, ubicándolos en una zona de mayor aprovechamiento para el desarrollo radicular. Este punto resulta clave en lotes que, por el uso de siembra directa, pueden tener problemas de estratificación de nutrientes, compactación o dificultad de las raíces a explorar mayor produndidad en su desarrollo.
La principal ventaja del sistema es que no propone volver a la labranza tradicional, sino intervenir con precisión únicamente donde el cultivo necesita mejores condiciones para desarrollarse.
Al trabajar aproximadamente el 30 % del suelo y conservar cerca del 70 % de cobertura, mantiene los beneficios agronómicos y de protección del suelo propios de la siembra directa.

El equipo contribuye a mejorar el contacto semilla-suelo, aumentar la temperatura en la línea de siembra, favorecer una emergencia más uniforme y permitir que cultivos como maíz y soja expresen mejor su potencial radicular. Además, permite independizar la logística de fertilización de la logística de siembra. De esta manera, el productor puede acondicionar y fertilizar la línea con anticipación para que luego la sembradora trabaje con mayor eficiencia.
Esta práctica también puede ampliar la ventana operativa de siembra, especialmente en situaciones donde la humedad, la temperatura del suelo o la disponibilidad de equipos condicionan el trabajo.
Charrúa y TT presentan una herramienta desarrollada para productores que buscan conservar los beneficios de la siembra directa, mejorando el punto donde comienza el rendimiento: la línea de implantación.